Un infierno con altura.

3 03 2007

 

El uso de tacones altos proporciona un aire de glamour y elegancia difícil de igualar con otro tipo de calzado. Aunque la moda obliga a llevarlos con cierta regularidad, su empleo excesivo puede desencadenar la aparición de molestias en pies, tobillos, rodillas y vértebras

Pocas mujeres se quejan del efecto estético que proporciona el uso de tacones altos: muchas aseguran que esas “puntas de aguja” no sólo hacen ver las piernas más largas y estilizadas, sino que también los glúteos cobran una forma más armoniosa. Aunque la fascinación inicial es absoluta al salir a una fiesta, puede transformarse en una tortura tras largas horas de baile. No es raro que la vuelta a casa convierta a los elegantes zapatos en objetos contundentes lanzados hacia cualquier dirección.


Las dolencias ocasionadas por los tacones altos -localizadas en los pies, los tobillos, las rodillas y la zona lumbar de la columna- pueden aparecer entre quienes los usan con suma frecuencia. Según explica Rafael Gutiérrez, cirujano ortopédico y traumatólogo, tales molestias suelen venir dadas por la presencia de una predisposición genética o anatómica. No todos los casos son iguales; el especialista indica que hay féminas que toleran bien este calzado sin presentar mayores problemas.

 

PIES Y TOBILLOS. “Si una persona tiene ciertas condiciones anatómicas, que predisponen a que el dedo gordo se desvíe hacia los demás dedos, se puede originar un juanete”, dice Gutiérrez. “Aunque no haya esta tendencia, también puede producirse el problema, ya que los zapatos altos usualmente tienen puntas agudas que hacen que el espacio sea reducido en la parte anterior de los dedos. Se agranda el pie en la parte media y el tacón hace que esa carga sea excesiva, lo que provoca la deformidad”.

El traumatólogo agrega que también existe el problema de los dedos en garra, que se retraen por la presión, lo que genera mucho dolor. Otros riesgos latentes son las fracturas por estrés. En estos casos, el pie no sufre por un traumatismo específico sino por varios traumatismos sostenidos en los metatarsianos, que son los huesos que unen a los dedos con el talón.

El tobillo también puede quedar totalmente inestable cuando se somete a alturas exageradas, y por ello la mujer necesita usar todos los tendones de la zona para caminar de manera más firme. “Muchos de estos zapatos tienen un tacón muy fino, cuando el pie está acostumbrado a contar con una base de sustentación mucho más amplia que es el talón. Esto aumenta el riesgo de sufrir un esguince, una fractura del tobillo o una tendonitis; en casos extremos pueden presentarse desgarramientos del tendón de Aquiles”, explica.

 

RODILLA Y COLUMNA. En la rodilla, las fuerzas que se producen en la rótula son muchos mayores. “Es como estar agachándose todo el día. Para algunas mujeres es más fácil caminar con tacones porque es como estar siempre cayendo; es un sistema parecido al de andar en moto: si va hacia adelante, la moto no se va de lado, pero cuando se detiene se tambalea. Con el uso de tacones es menor el esfuerzo que se hace para ir hacia delante porque la persona va en caída, pero cada vez que apoya el pie, desacelera: de allí viene el sonido de taconeo”. Esta desaceleración es la que produce otros efectos nocivos en la columna.

El especialista recalca que la mujer debe tener una predisposición especial para presentar el tipo de problemas lumbares que aparecen con el uso del tacón alto, aunque también puede desarrollarlos en una columna perfectamente normal si el uso de este calzado es muy exagerado. Asegura que a veces se puede observar la inestabilidad de segmentos de las vértebras, que puede traducirse en un dolor localizado en la zona lumbar.

“La mujer debe estar consciente de los efectos que le puede producir el uso excesivo de los tacones altos. Si siente incomodidad en la punta de los dedos, si no puede esperar a llegar a su casa para quitarse los zapatos y se los saca debajo del escritorio para poder descansar los pies, debe considerar la posibilidad de usarlos con menos frecuencia”, dice el especialista.
Otras señales importantes son los dolores de tobillo, las dificultades en las rodillas para subir o bajar escaleras, y los dolores lumbares, aquellos que no son producidos por sobrepeso o por alguna actividad de alto impacto que pueda causar problemas de columna. “Hay pacientes que cambian un poco sus hábitos de calzado y disminuyen estos síntomas sin necesidad de analgésicos o antiinflamatorios. En todo caso, no se deben subestimar las señales dolorosas ni esperar a que aparezca alguna deformidad para acudir a un especialista”, explica Gutiérrez.

PIES FIESTEROS. Cuando se llega de una fiesta o de una larga caminata con los pies maltratados, no es recomendable librarse enseguida de los zapatos altos con el único fin de caminar descalzo. “Si bien es necesario que la dama se despoje de los tacones para reposar los pies, no es conveniente que los enfrente enseguida a una superficie totalmente plana. No hay problema si se los quita para acostarse inmediatamente, pero si todavía debe caminar por la casa para tomar agua o desmaquillarse, es preferible que se ponga unos zapatos de goma que sean cómodos y acolchados en el interior”, dice el traumatólogo.

La medida no es arbitraria. El especialista explica que durante el uso de los tacones hay contracciones en la fascia plantar -una capa fibrosa que recubre los músculos de la planta del pie- y en el tendón de Aquiles: si se coloca el pie directamente en el piso, puede producirse un estiramiento brusco -y doloroso- de estos elementos, mientras que con el uso de unos zapatos deportivos, este proceso de readaptación a la posición original se cumple de manera progresiva. El remojo de los pies en agua tibia y los masajes locales también ayudan a relajarlos.
Una de las soluciones más empleadas para evitar los problemas asociados al uso excesivo de tacones altos, es alternar periódicamente los tipos de calzado, como zapatos deportivos y tacones medios y bajos. Algunos trucos de confort también son válidos: “Varias pacientes refieren que cuando van a una fiesta llevan dos pares de zapatos: unos con los que entran -para no perder la elegancia- y otros con los que bailan, que esconden debajo de la mesa”, explica el especialista. Para ser bella, no hay que ver estrellas.


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